miércoles, 5 de agosto de 2020

Capitulo 22






La vida les sonríe a Eugenio y a Jesús. Lo ven todo de color de rosa si están juntos. Duermen juntos. Eugenio lo despierta con una voz melosa.
--mi amor, ya es hora de despertarse tienes que ir al trabajo.
Jesús abre los ojos. Se miran con tanto amor. Desean que todo entre ellos sea siempre igual y están seguros que lo conseguirán. 
--eres el príncipe azul que con el que cualquiera ha soñado durante toda su vida –Jesús.
--Y tú eres mi dueño. Me tiene más enamorado aún.
Se hablan con mucho amor, con mucha pasión. 

Jesús va al trabajo feliz y satisfecho. Eso sí no deja de mirar el reloj ya que han quedado para comer en esta ocasión en casa de Jesús para que se les una también Benito y limar asperezas. En mitad de su trabajo y cuando sólo está pendiente de que sea la hora de irse, Jesús se sorprende con la visita de Carlos. No había vuelto a pensar en él. Ahora se arrepiente de de haberle dado de nuevo un lugar en su vida. Se habría ahorrado una explicación.
--Me tenías preocupado ¿Donde te has metido?
Carlos se muestra el amigo comprensivo, el que sólo desea su felicidad cuando Jesús le cuenta que volvió con Eugenio que Benito confesó que no fue él quien lo violó. Jesús no sabe ver la rabia en los ojos de Carlos, su maldad.
--¿Cómo que no fue él? ¿seguro que no lo obliga a decir eso?
Carlos siente rabia al ver que Jesús de nuevo cree en Eugenio pero almenos no sabe la identidad del violador. 
--bueno, si tú estás seguro.
Jesús se levanta.
--Yo no te quiero hacer daño pero es que ya…
Carlos lo calla con un ligero beso:
--gracias por darme una oportunidad. En serio si él te hace feliz pues yo contento.
Jesús respira aliviado al ver que su ex se ha tomado bien que haya vuelto con Eugenio. Mientras baja en el ascensor, Carlos deja ir todo su odio. Empieza a dar golpes y patadas.
--¡¡me las van a pagar me las van a pagar¡


Al cabo de un buen rato, Benito está esperando a Rosa frente a la casa de éste. La joven, embarazada, llega muy alterada y nerviosa. Se abraza a él. Benito se preocupa mucho.
--¿¿qué te ha pasado?¿porqué estás así?
La joven habla casi al borde de un ataque:
--Un hombre me ha secuestrado ¡ya sé quien te violó¡
Se abrazan asustados. Benito es muy dulce con ella, acaricia el abultado vientre de la joven.
--¿Te ha hecho daño?
Ella habla muy alterado:
--¡No pero dice que mata a nuestro hijo si mencionamos su nombre¡
--No nos hará daño, te lo juro.
Hay miedo en su rostro pero se lo traga para calmar a su chica. 
--¡Me ha robado el juego de llaves que me diste¡
La joven está sofocado y Benito se muestra tranquilo para calmarla.
--Esta tarde cambiamos la cerradura. No pasará nada.
  








Por su lado, Jesús está preparando la comida con mucha ilusión. Ya está todo apunto. Se dispone a darse una ducha para estar guapo para su amor. Eugenio está apunto de bajar de la moto pero se sorprende al ver llegar a Carlos. Se comporta como si todo fuera normal y abre con su llave. Eugenio tiene el rostro desencajado por la rabia.
--¿¿¡no qué cambió la cerradura cuando lo dejaron?¡
Carlos ha estado pendiente de Eugenio, sabe que lo está siguiendo y tiene que actuar rápido. Se mete en la casa. Sonríe maquiavélicamente al escuchar que Jesús está en la ducha.
--¡¡es que ni planeado me salen las cosas tan bien¡¡
Ha dejado la puerta abierta tanto la del portal como la del domicilio para facilitar las cosas a Eugenio que está muy sorprendido por todo lo que está viviendo pero no se da cuenta que está cayendo en una trampa. Carlos se va desnudando con cara de depravado. Jesús está ilusionado pensando en Eugenio. Se da una ducha y no se da cuenta de nada. Carlos se le mete en la ducha y lo abraza. Eugenio está entrando en el departamento:
--¿Qué está pasando aquí?
Por el suelo toda la ropa de Carlos. Eugenio está impactado.
--¡no puede ser¡
Eugenio no puede creer que después de lo que han pasado, Jesús le esté mintiendo y se siga viendo con Carlos. Jesús se altera. Se da la vuelta pero es tarde. Se encuentra abrazado a Carlos y recibiendo un beso de éste. Eugenio está en la puerta del baño y lo ha visto todo. Está horrorizado.
--¡seguid, por mi no os paréis¡
Eugenio se va dolido. Carlos sonríe victorioso. Jesús le da un empujón a Eugenio.
--¡¡esto no es lo que parece¡
Y Carlos va detrás riéndose:
--Te podías inventar una excusa menos tanto, cari. Íbamos a hacer el amor y Eugenio se ha dado cuenta de eso.
Jesús está muy alterado.
--¡¡no… no es verdad…¡ ¡¡No sé como entró y me besó a la fuerza¡
Carlos aplaude y ríe con ironía:
--¡tu actuación es de óscar pero no creo que esté sea tan imbécil como para creerte¡
Desnudo tal y como está, Jesús se queda en la puerta para que Eugenio no se vaya.
--¡me tienes que creer¡ ¡¡no puede ser que ahora seas tú el que desconfíes de mí¡
Carlos sigue aprovechándose de la situación para distanciar a la pareja. Le habla a Eugenio como si fuera un consejo de un amigo:
--¡Entre Jesús y yo hay amor, contigo hay lujuria. Yo sé que tarde o temprano se cansará de ti y se quedará conmigo¡
Jesús desearía que ese día se borrara de su vida. Nunca los ojos de Eugenio lo miraron con tanto odio y tanto desprecio. 
--¡Eres un cabrón, una bestia de coger¡ ¡¡pues tranquilo, coge con quien quieras pero a mí me olvidas¡
Jesús se le tira encima.
--¡yo a ti te amo¡
Lleno de odio, Eugenio lo tumba de un puñetazo:
--¡no eres más que una puta mentirosa, no quiero verte en la vida¡
Eugenio abandona el domicilio enfurecido. Jesús se queda tirado en el piso. Todo el dolor del mundo ha caído sobre él. Está deshecho. Cuando ya Eugenio se ha ido, Carlos se empieza a vestir y riendo dice:
--¡Vaya como se ha puesto tu amorcito¡Veo que te quiere muy poco porque no cree en ti¡
Jesús se levanta encolerizado y descarga su odio contra Carlos. Empieza a darle puñetazos mientras le dice una y otra vez “¡hijo de puta te voy a matar¡” Carlos no se mueve. No se defiende. Sonríe y con cinismo le dice:
--dime todo lo que quieras pero te he separado de ese imbécil para siempre.
Jesús está destrozado y rabioso. Se en cara con su ex.
--¡de nada te servirá porque tú y yo jamás estaremos juntos¡
Carlos ha cumplido ya con su plan y abandona el departamento tranquilo pero antes dice:
--pero tú no serás feliz jamás. Yo me encargaré de destruir cualquier intento de relación que tengas.
Jesús le tira un jarrón y grita.
--¡te odio¡
El jarrón se estrella en el piso. Carlos se ríe y se va. Jesús se queda conmocionado.
--¿¿Cómo ha podido pasarme una cosa así?
Hacía apenas unas horas era el hombre más feliz del mundo. Está aturdido. Llora con ira. Benito y Rosa llegan en ese momento. Benito abraza preocupado a su tío.
--¿¿Qué es lo que ha pasado?
Jesús está muy dolido. Balbucea.
--Eugenio me odia Si había quedado con él ¿Cómo puede creer que esté con Carlos?
Porque Eugenio y yo no podemos ser felices. ¡maldito Carlos…¡ ¡¡lo odiaré eternamente¡
Benito se asusta mucho al saber que Carlos ha estado en el departamento.
--¿pero te hizo algo?
A Benito le preocupa que Carlos haya lastimado físicamente a Jesús y éste está muy alterado como para hablar claramente de lo que ha pasado.
--¡¡No sé cómo demonios logró las llaves¡
Rosa y Benito se miran preocupados. No desean que su secreto salga a la luz.
--Rosa las perdió, no sé él las encontraría por casualidad--va diciendo Benito nervioso.
Rosa le prepara una tila a Jesús. Benito se la da.
--ven, te hará bien. Cálmate y cuéntame todo…
Jesús se sienta en el sofá. Benito a su lado va comprendido lo que le pasa. Él tiene como demostrar a Eugenio que su tío dice la verdad. Él y Rosa se miran. Ella hace que no con la cabeza. La vida de su hijo está por encima de todo.

Eugenio por su lado ha buscado refugio en los brazos de Mohamed. Después de fornicar hablan. 
--Me gusta estar contigo pero no porque estés triste –Moha a Eugenio desnudos en la cama.
Mohamed está encantado de disfrutar del cuerpo de su amigo pero no le cuadra lo que le dice:
--Lo que cuentas es raro, él sabia que tu ibas ¿cómo va a quedar contigo y sabía que iba a el otro?
Eugenio se levanta de la cama totalmente desnudo. No tiene dudas. Siente mucho rencor:
--No sé… tal vez no lo planeó… pero entre Carlos y él hay algo más fuerte de lo que yo creía… más fuerte de lo que siente por mi.
Sus palabras le duelen mucho más de lo que quiere aceptar. No puede evitar que se le escape las lágrimas.
  

martes, 4 de agosto de 2020

Capitulo 21




Desnudos y llenos de placer, Jesús y Eugenio se quedan tumbados en la arena. Sus manos agarrándose y sus miradas fundidas la una en la otra.
--ya deberíamos irnos ¿no? –Jesús.
La pareja vive en un paraíso y no le apetece nada salir.
--No tengo ganas –dice con fastidio Eugenio.
--Ni yo.
Se sonríen y se besan.
--¿porqué no vamos a mi casa? Pasa el resto de la noche conmigo.
Jesús no quiere separarse de los cálidos brazos de su amado pero le molesta la presencia de Mohamed.
--¿y tu amigo el moro? –dice con rin tintín.
Eugenio se levanta y se ríe.
--Ya olvídate del pobre Moha, es sólo un buen amigo.
Jesús se levanta con él.
--A mi no me pareció… --con un toque de celos.
Eugenio abraza con una mano a Jesús y con la otra le va tocando el pecho. Muy amoroso dice:
--Me encanta cuando te pones celoso pero no tienes motivos. Sólo dos amigos que nos relajamos con sexo. Necesito desahogarme.
Jesús no le reprocha a Eugenio que tenga un “amigo” pero sí que viva con él.
--sólo tienes una habitación. Eso ya no es muy normal.
--Dormimos a veces juntos pero no siempre. Arreglamos una habitación en el salón que es amplio. En el fondo… ¡con terraza y todo¡
Va acariciando a Jesús y lo va besando muy dulce y pícaramente.
--¿No te gustaría hacer el amor y que nos vean todos los vecinos…? –le dice Eugenio sensual.
--me encanta hacer el amor contigo a todas horas que nos vean o no es secundario. Yo quiero estar contigo.
Se ponen sus ropas sin ni secarse y se montan en la moto de Eugenio. Jesús bien abrazado a él. Están muy contentos. Llegan al apartamento congelados. Encienden la estufa para que caliente el salón y luego se dan una buena ducha caliente. Eso sí sin dejar de besarse y magrearse. Eugenio saca dos camisetas y dos boxers que es lo que se ponen.
--Tengo hambre… ¿nos hacemos un chocolate bien caliente? --Eugenio.
A los dos les apetece aunque lo que más quieren es estar juntos. Se preparan una buena taza que comparten los dos tumbados en el sofá bien juntitos. Pasan la noche sin dormir. Tienen que hablar de tantas cosas. A veces ni eso, se quedan un buen rato en silencio, el uno en brazos del otro pero mirándose muy enamorados. Ninguno de los dos quiere estar separado.
--¿porqué no dejamos a Moha aquí y me vengo a vivir a tu casa? 
A Jesús le apetece pero dice no. Eso decepciona a Eugenio.
--¿es que aún dudas de mí?
Jesús le besa y le sonríe:
--Te amo y deseo vivir contigo pero tampoco me parece mal vivir un romance contigo así en plan novios, viéndonos cuando podamos.
Eugenio se resigna:
--aunque sería genial que estemos siempre juntos.
No dejan de besarse y de acariciarse.
--Sí, a mí también me gustaría. Benito está encauzando su camino. En cuanto nazca su hijo y yo lo vea que ya está bien le dejaré la casa a él y los dos juntos nos buscaremos nuestro hogar.
Eugenio se muestra muy amoroso, muy cariñoso:
--¿y porqué esperar?
Los dos están bastante ansiosos con la idea de estar juntos pero saben que se aman y están seguro que ahora nada los separará.
--Es que no quiero que piense que estoy enojado con él. Es mi sobrino y lo ha pasado muy mal.
Jesús tiene miedo que Eugenio se haya enojado pero le sonríe para demostrarle que no, que está feliz de que estén de nuevo juntos y se besan. Están los dos muy excitados pero es día laborable. Los dos tienen que trabajar. No duermen pero sí hacen el amor para darse energías a la hora de afrontar su jornada laboral. Eugenio le da ropa suya a Jesús se visten los dos juntos. 




Mohamed sale del dormitorio principal en tanga. Luciendo cuerpazo y paquetorro. Mira a Jesús con cara de depravado. Éste se siente incómodo. Se despide rápidamente de su amado.
--nos vemos a las 3.
--¿nos quieres comer nada?
Muy cariñoso, Jesús le dice:
--no, ya me he alimentado bastante. 
Se besan amorosamente. A Jesús le molesta la mirada intensa de Mohamed.
--¿de donde has sacado a este negrazo? ¡lo que le haría yo a este rico negrito¡ --dice Mohamed a Eugenio cuando ya están a solas.
Aunque divertido, Eugenio mira regañón a Mohamed:
--mira que es el hombre que amo y no quiero que vayas a estropearme la relación. 
Mohamed mira a su amigo con cara de depravado:
--¿y es cierto lo que dicen de los negros?
Los dos se miran con complicidad. Eugenio no le quiere contar pero Mohamed insiste y al fin confiesa:
--pues la verdad es que con otros negros con los que he estado la tienen muy chiquita pero éste sí… con Jesús sí es verdad…
Mohamed tiene cara de “eso tengo que verlo”
--pero no te gustaría… demasiado grande… Es como para reventarte.
Mohamed se está poniendo cachondo sólo de imaginárselo y quiere que le cuente más pero Eugenio se niega.
--¿y se puede saber qué le dijiste? Mira que te tiene una manía.
Mohamed pone cara de bueno:
--Nada, sólo le dice que me daban morbo los negros y como se me hizo el digno que sí la raza no importa pues le dije que por algo tú sólo te acuestas con gente de otra raza.
--en serio le dijiste esto? Pues sí que debe amarme mucho como para venir a buscarme después de eso.
Eugenio sonríe. Está demasiado contento para que algo así lo moleste.
--bueno, esto supongo que quiere decir que me tengo que buscar otro piso.
--No, a ver si con un poco de suerte tu presencia molesta a Jesús tanto que me lleva a su casa o se anima a que busquemos algo juntos –le dice guiñándole el ojo. 
Moha lo abraza.
--Me alegro que seas feliz. Gracias por todo, Eugenio.
--Gracias a ti, me has ayudado mucho en mi peor momento.
Mohamed lo mira con cara de pervertido.
--Encantado… y bueno aquí me quedo sabes que puedes venir a buscar siempre que quieras.
Eugenio suspira enamorado y dice:
--Ahora ya no me hará falta.
Se abrazan de nuevo y se desean suerte.

A las tres, justo cuando Jesús sale del trabajo, Eugenio ya lo está esperando. Se besan y se abrazan con fuerza. Se han echado mucho de menos. Van a casa de Eugenio en la moto de éste. Mohamed ya los espera con la comida en la mesa. Saluda amable a Jesús:
--hola ¿qué tal?
Mohamed quiere hacerse el simpático pero a Jesús le molesta su presencia. Le gustaría estar a solas con él pero ni Mohamed ni Eugenio hacen nada al respecto. Le molesta mucho a Jesús esas miradas cómplices entre los amigos. Igual no dice nada. Mohamed trabaja por la tarde. Así que los deja. Besa cerca del labio tanto a Jesús como a Eugenio y se va. Al fin solos. Se besan y se hacen mimitos. Van a la cama pero apenas les queda fuerzas para comerse la verga el uno al otro a la vez y luego se quedan dormidos bien satisfechos y relajados. El uno en brazos del otro y con los pantalones y los boxers bajados. Duermen un rato. Despiertan con hambre, hambre el uno del otro. Hacen el amor. Se quedan desnudos y abrazados en la cama hablando.
--¿te quedas conmigo esta noche?
--Es que va a ser casi como si vivera contigo.
Eugenio lo mira travieso:
--¿y eso es malo?
Jesús no quiere que Benito se sienta desplazado pero se siente demasiado feliz como para rechazarlo.
--No me podré quedar siempre contigo.
Eugenio pone cara de bueno.
--pero esta noche sí –concluye Jesús.
Se ríen, se besan. Quisieran que la noche fuera eterna y hacer el amor una y otra vez.














Capítulo 20








Jesús llega a la playa con desesperación. No sabe donde puede estar su amado y la extensión de terreno es amplia. Además de noche pero tiene que lograr. No podría estar tranquilo si no le pide perdón a Eugenio en ese mismo momento. Va arriba y abajo. Lo busca como loco. Los nervios lo carcomen.
--¡es imposible… no lo voy a encontrar¡
Eugenio se desespera. Se da por vencido. Cae en la arena. Da puñetazos en la arena maldiciendo su suerte. Está a punto de llorar. De pronto su corazón da un brinco. A lo lejos le parece ver a alguien sentado frente al mar. En la arena.
--¡es él… tiene que ser él¡
No se distingue nada pero Jesús tiene ya escalofríos. Un sexto sentido le dice que es su amado el que está ahí enfrente. Corre hacia él. A unos metros confirma que sí es él. Suspira y calmadamente camina hacia él y se sienta a su lado. Eugenio lo mira incrédulo.
--¿qué quieres? –le pregunta brusco.
Jesús lo mira pero Eugenio mantiene la mirada fija en el mar. Jesús habla con el corazón en un puño. Suplica. 
--Soy consciente que no tengo derecho a pedirte nada pero te suplico que me escuches. Es muy duro lo que tengo que decirte y aunque me odies te mereces que te pida perdón.
Eugenio mira a Jesús impactado. Jesús agacha la mirada. Siente demasiada vergüenza como para mirar a los ojos. Eugenio está inquieto.
--Ahora sé que tú no violaste a mi sobrino y por eso estoy aquí para pedirte perdón por mi vida, para arrodillarme ante ti, para humillarme ante ti.
Jesús se siente emocionado pero a la vez está muy herido. No dice nada pero mira a Jesús con una amarga tristeza como diciéndole te lo dije pero quien borra el dolor que yo he pasado. Eugenio no dice nada y Jesús sigue hablando muy angustiado. Mil veces le suplica perdón por no haber creído en él.
--No sé porque Benito no me aclaró nunca las cosas, supongo que estaría demasiado en shock pero yo ahora el mismo dolor que sentía cuando pensé que tú habías violado a mi sobrino, lo siento por lo injusto que he sido contigo.
Eugenio se levanta. Mira hacia el mar. Resopla. Unas lágrimas recorren sus mejillas. Es demasiado el daño que ha sufrido como para olvidar por un simple perdón. Jesús sabe que no puede echar el tiempo atrás, que pedir que todo sea como antes es imposible pero cree que Eugenio se merece ese reparación. Se arrodilla ante él con los brazos estirados. Le quiere demostrar que no le importa humillarse para demostrar lo arrepentido que está.
--haré lo que tú me pidas.
Eugenio mira al mar. No hace caso al gesto de Jesús que acaba levantándose triste. Eugenio habla desde lo más profundo de su ser, saca el dolor que lleva dentro.
--Yo puedo ser todo lo canalla y miserable que tú quieras pero jamás violaría a nadie.
Jesús se pone frente a él. Desesperado.
--¡¡lo sé, eres muy buena persona yo…¡
Eugenio no le deja seguir hablando. Su tono es tranquilo pero se nota herido.
--Lo que más me dolió es que no creyeras en mí. Si me hubieras amado tanto como siempre decías me habrías apoyado pasara lo que pasara –le reclama con la voz adolorida.
--De eso sí no puedes dudar, yo te amo más que a mi vida pero ¿tú sabes el daño que le hicieron a mi sobrino? –Jesús angustiado.
Eugenio se encoje de hombros y con un hilo de voz susurra:
--pero yo no tuve la culpa.  Yo sólo quería ayudar.
Jesús siente el dolor tan intenso de Eugenio y rompe a llorar. Entre sollozos le pide perdón una vez más. 
--Te juro por mi vida que estoy muy arrepentido por haber estropeado lo más bonito que me ha pasado en la vida, ojalá pudiera volver hacia atrás.
Eugenio se muestra decaído. Se nota que ha vivido semanas hundido en la angustia.
--No se puede volver atrás. El daño ya está hecho y ha sido enorme.
--Me siento culpable –dice Jesús con el corazón destrozado—por lo que he hecho, por manchar tu nombre injustamente. Haré lo que sea reparar mi falta. Estoy dispuesto a arrodillarme ante ti delante de todo el mundo y pedirte perdón. Haré lo que sea que te haga sentir mejor a ti.
--Ya es demasiado tarde, es mejor que dejes las cosas como están.
Ve tanto dolor en sus ojos que Jesús lo pasa francamente mal. Se da cuenta que su amado ha vivido un infierno por su culpa e innecesariamente. Los dos están deshechos. Jesús roza suavemente la mano de Eugenio y sus miradas se acarician mutuamente. Jesús está roto por el dolor. Ama a ese hombre y ya no le pertenece. Además le ha hecho mucho daño. La ternura está renaciendo en Eugenio, es por eso que Jesús se anima a acariciarle dulcemente la mejilla. 
--te he hecho tanto daño que me faltará vida para pagarlo. Me merezco lo peor, me merezco mi soledad, una vida amarga al lado de un hombre que no amo porque no supe cuidar al amor de mi vida.
Una pequeñísima y afectuosa sonrisa se dibuja en el rostro de Eugenio. La mirada transparente de Jesús se apodera del otro. Suavemente le pone la mano en la boca para que no siga. Jesús se derrumba y llora en los brazos de su amado que lo acaricia tiernamente y conmovido.
--te amo y haberte perdido –balbucea entre sollozos—es lo peor que me ha pasado en la vida, es mi peor castigo. Sé que ya no tengo derecho a ser feliz pero daría mi vida por poder volver a vivir ni que fuera un minuto de amor a tu lado. No soporto haber llenado de dolor tanto amor como sentimos. Nunca podré ser feliz con nadie y esa será mi penitencia.
Eugenio resopla y muy dulce:
--Yo no sé si pueda sentir lo mismo ya, si se pueda rescatar lo que vivimos. ¿Volverías conmigo aunque yo no te pudiera prometer nada?
Sin dudarlo, Jesús le dice:
--Pondría mi vida en tus manos. Sé que nunca me harías daño.

Eugenio protege a Jesús con sus brazos . Es muy cariño con él. Sus cuerpos unidos de nuevo. Se estremecen al estar pegados. Tienen escalofríos por todo el cuerpo. Se miran con intensidad. Sus labios se desean, se necesitan y se funden en un ardiente beso. Jesús está feliz.
--¿en serio me perdonas lo tonto que he sido?
Eugenio le sonríe. Le guiña el ojo:
--Yo te acepto a mi lado pero no te prometo nada. No sé si te quiero como antes.
Eso le duele a Jesús:
--sé que me lo merezco y lo acepto todo lo que tú me propongas –le dice humildemente.
Eugenio se emociona.
--¿estás dispuesto a todo por mí?
Jesús ama a ese hombre. Se muestra sumiso, dispuesto a sufrir cualquier humillación con tal de estar con Eugenio. Esto llena de dicha el corazón del hombre que sonríe.
--¡te amo, cómo crees que no voy a amarte¡
Jesús sonríe feliz. Ve tanto amor en esos ojos que no entiendo cómo ha podido dudar de él. Ríen, se besan, se toquetean hasta lastimarse. Tienen que recuperar el tiempo perdido. Estar juntos de nuevo es un sueño para ellos. Aunque aún no está todo claro.
--¿y qué pasa con Carlos? –dice Eugenio con celos.
Jesús se la devuelve y le dice dolido:
--lo mismo que con tu amigo el moro.
Eugenio sonríe. De pronto Jesús comienza a correr.
--¡el que pierda es el pasivo¡
--¡no, eso ni loco que me matas como me metas ese palo¡ --dice Eugenio divertido.
Jesús se deja atrapar sin problemas. Lo que quiere es estar con ese hombre que siempre ha sido su sueño. Saltan y se besan junto a la orilla. Ríen, hablan, se besan, se susurran palabras de amor. Están solos en el mundo. No hay ni una sola alma más en la playa. Sólo ellos dos, su amor, la luna, las estrellas y el mar. Reina la paz y la felicidad. Caen sobre la arena, Eugenio cubre el cuerpo de Jesús. Las olas van acariciando los cuerpos de ambos. Se besan de una manera intensa durante largo rato. Luego Eugenio se levanta. Con mirada sensual le va ofreciendo un delicioso strip-tease a Jesús que tirado desde la arena lo mira excitado. Eugenio va lanzando la ropa un poco más allá de donde están para protegerla de las olas. Su cuerpo desnudo en la oscuridad de la noche pone muy cachondo a Jesús que echaba de menos a ese hombre, ese cuerpo. Totalmente desnudo se tira al agua. Jesús ya se ha levantado. En la orilla lo mira.
--¡vas a agarrar una pulmonía, loco¡ --le dice.
Entonces Eugenio sale como si de la más bella criatura marina se tratara.
--ven… báñate conmigo…
Jesús va haciendo que no.
--Hace frío.
Eugenio lo mira seductor y lo abraza.
--yo te calentaré –dice excitado.
Jesús se desnuda lentamente ante la mirada satisfecha de Eugenio. Va tirando la ropa junto a la del otro. Cuando ya tiene los calzoncillos en las manos, es el propio Eugenio quien se los arranca y los tira con la ropa. Los dos desnudos el uno frente al otro junto al mar. Abrazados se van besando mirándose enamorados mientras van metiéndose en el agua y el mar tapando sus cuerpos. Se besan, nadan, bucean, juegan a tirarse uno encima del otro como para ahogarlo… Salen totalmente helados pero se abrazan y su fuego interno les da calor. Caen sobre la arena. El sonido de las olas se confunde con sus gemidos cuando hacen el amor.